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Mayo 2026 ­

Evaluación de masas en el cuello en los adultos

Jason Wilbur, MD; Valery L. Tran, MD; y Marc F. Doobay, MPAS, PA-C

Las masas en el cuello son frecuentes en la atención del paciente ambulatorio. Aunque el diagnóstico diferencial es amplio, 95% de las masas en el cuello son benignas. La identificación eficiente de las masas malignas es una prioridad. Un sistema de investigación permite el diagnóstico preciso sin retrasar la atención. El carcinoma epidermoide orofaríngeo, relacionado con el virus del papiloma humano, constituye cerca de 70% de los diagnósticos nuevos de cáncer en cabeza y cuello. El diagnóstico diferencial de una masa en el cuello se divide en tres categorías basándose en su agudeza: aguda (p. ej., infección), subaguda (p. ej., neoplasia maligna) y crónica (p. ej., congénita, tiroidea). Cuando no es posible hacer el diagnóstico mediante la historia clínica, los factores de riesgo y la exploración física, están indicados estudios de imagenología o biopsia. Se recomienda la tomografía computarizada con contraste para la mayoría de las masas no pulsátiles, no tiroideas. Para las masas tiroideas, la ultrasonografía es la modalidad de imagenología de elección. El estudio de resonancia magnética con contraste, angiografía mediante tomografía computarizada y la tomografía por emisión de positrones se prefieren en los casos de compromiso del nervio craneal, masas pulsátiles y posibles metástasis, respectivamente. Cuando está indicada la biopsia, se recomienda la aspiración con aguja fina. En la detección de una neoplasia maligna, mediante aspiración con aguja fina se tiene una precisión de 93%, sensibilidad de 90% y especificidad de 97% sin importar el sitio anatómico.
Am Fam Physician. 2026;113(2):156-165. Copyright © 2026 American Academy of Family Physicians.

La neoplasia maligna es una preocupación primaria cuando un adulto se presenta con una masa en el cuello. Sin embargo, 95% de las masas en el cuello son benignas y para realizar un diagnóstico correcto se requiere un sistema metódico.1 No se ha caracterizado bien la epidemiología y se carece de los datos sobre la incidencia general de masas en el cuello (benignas o malignas).2 En este artículo se proporciona una estrategia algorítmica para diagnosticar las masas en el cuello, la cual está organizada según su agudeza y guiada por la historia clínica y la exploración física.

ANATOMÍA DEL CUELLO

La comprensión de la anatomía del cuello facilita la precisión diagnóstica de masas en el cuello y ayuda a diferenciar las variaciones normales de las masas que requieren una evaluación más profunda. Según su anatomía, el cuello se divide en triángulos, con el músculo esternocleidomastoideo que divide los triángulos cervicales anterior y posterior (Figura 1).3

Figura 1

Anatomía cervical triangular con la localización de los ganglios linfáticos frecuentes y las áreas de drenaje.


Los ganglios linfáticos, que se encuentran en todo el cuello, son la fuente más frecuente de masas en el cuello, y es esencial comprender el drenaje linfático cuando se investiga una linfadenopatía reactiva y una metástasis linfática. Otras fuentes posibles de masas incluyen la glándula tiroides, los vasos sanguíneos y las principales glándulas salivales (Figura 2)4.

Figura 2

Localización de las glándulas salivales principales y sus conductos salivales.


DIAGNÓSTICO DIFERENCIAL

Una masa en el cuello se define como una lesión anormal (congénita o adquirida) que es visible, palpable o que se observa en estudios de imagenología y que se localiza debajo de la mandíbula, por encima de la clavícula y en situación profunda con respecto a la piel.2 El diagnóstico diferencial de una masa en el cuello se organiza según su agudeza (Cuadro 1);3 sin embargo, el médico debe comprender que los pacientes tal vez reconozcan de forma rápida un padecimiento crónico y que quizá no le den importancia a padecimientos agudos, de manera que es posible que puedan considerarlos subagudos o crónicos. Una presentación aguda con más frecuencia se relaciona con traumatismo o infección, mientras que el inicio subagudo tal vez indique un padecimiento neoplásico o sistémico. Las patologías congénitas y tiroideas en adultos se presentan a lo largo de un marco temporal más largo. La neoplasia maligna es una posible causa en todas las presentaciones. Los hallazgos clave de la exploración física ayudan a reducir el diagnóstico diferencial (Cuadro 2).3

CUADRO 1
Diagnóstico diferencial de las masas en el cuello en los adultos
Aguda (días a semanas) Subaguda (semanas a meses) Crónica (meses a años)
Infecciosa/inflamatoria
Actinomyces
Sialadenitis aguda
Bartonella henselae (enfermedad por rasguño de gato)
Cytomegalovirus
Virus de Epstein-Barr
VIH
Mycobacterium tuberculosis
Linfadenitis primaria (p. ej., infección estafilocócica o estreptocócica)
Linfadenitis reactiva (p. ej., infección viral respiratoria)
Toxoplasmosis
Vascular
Fístula arteriovenosa
Hematoma
Seudoaneurisma
Enfermedades idiopáticas
Enfermedad de Castleman (enfermedad angiofolicular linfoproliferativa)
Enfermedad de Kikuchi (linfadenitis histiocítica necrosante)
Enfermedad de Kimura
Enfermedad de Rosai-Dorfman
Neoplásica
Carcinoma epidermoide relacionado con el virus del papiloma humano
Linfoma, Hodgkin o no-Hodgkin
Cáncer metastásico
Neoplasia maligna del tracto aerodigestivo superior no asociada al virus del papiloma humano
Tumores de las glándulas salivales
Enfermedades sistémicas
Amiloidosis
Sarcoidosis
Síndrome
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