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SEPTIEMBRE 2026
Infecciones urinarias recurrentes en mujeres: diagnóstico y tratamiento
Denise Zwahlen, MD; Jenna Ball, MD; y Quinn Jackson, MD, MPH
| Las infecciones urinarias recurrentes (UTI, recurrent urinary tract infection) se definen como dos o más UTI en el transcurso de seis meses o tres o más en un año. La tasa de recurrencia anual de UTI en mujeres es entre 14 y 25%. Los factores de riesgo de UTI recurrente incluyen exposiciones a antimicrobianos, actividad sexual más frecuente, uso de agentes espermaticidas o diafragmas, estado perimenopáusico o posmenopáusico, prácticas de higiene personal, estasis urinaria por vaciamiento vesical incompleto, prolapso de órgano pélvico y micción disfuncional. Cuando las mujeres se presentan con síntomas de UTI recurrentes, debe obtenerse un examen general de orina y un urocultivo. Las directrices de tratamiento recomiendan tratamiento empírico con antibióticos de primera línea, basándose en resultados de cultivos previos; después, cambiar el antibiótico si el cultivo nuevo muestra resistencia, o esperar el resultado del urocultivo antes de seleccionar el antibiótico. Una terapia de duración más prolongada no reduce el riesgo de UTI recurrente. La bacteriuria asintomática no debe tratarse, excepto en las pacientes embarazadas o que van a someterse a procedimientos urológicos invasivos. La prevención de la UTI recurrente empieza con la prescripción de profilaxia antibiótica con una toma de decisiones compartida. También se utilizan métodos no antibióticos para prevenir las UTI recurrentes, y la evidencia de su efectividad es variada. Estos métodos incluyen el uso de productos de arándano, probióticos de Lactobacillus, estrógenos vaginales, y complementos con metenamina. Am Fam Physician. 2026;113(6):568-577. Copyright © 2026 American Academy of Family Physicians. |
Las infecciones urinarias recurrentes (UTI) son presentaciones frecuentes en la atención primaria, con una tasa de recurrencia anual aproximada de 14 a 25% en las mujeres, que varía según el subgrupo de población y el diseño del estudio.1,2 Las UTI recurrentes se definen como dos o más infecciones en el transcurso de seis meses o tres o más en un año.1,3
Estas infecciones recurrentes conducen a una morbilidad significativa para la paciente, debido a los síntomas, con un aumento en el uso de la atención médica e inquietudes acerca de resistencia antibiótica. Las UTI recurrentes, se relacionan también con estrés psicosocial, disfunción sexual y disminución de la calidad de vida.2 Estos factores subrayan la necesidad de que el médico aborde las UTI recurrentes con un tratamiento holístico, equilibrando el tratamiento efectivo, la prevención y la protección antimicrobiana con una estrategia basada en la paciente.
Aunque la Escherichia coli es el uropatógeno más frecuente, la patogenia de las UTI recurrente es multifactorial. Comprende una interacción compleja entre los mecanismos de defensa del huésped, la microbiota vaginal y urinaria, la actividad sexual y el síndrome genitourinario de la menopausia, si está presente.
Evidencia reciente destaca el papel del microbioma urinario en la protección y la susceptibilidad a las UTI recurrente.4 Los trastornos en la diversidad microbiana, en particular la disminución en la especie protectora de Lactobacillus, se han implicado como un factor de riesgo de UTI recurrente.4 Además, es posible que las alteraciones en la inmunidad urotelial y las respuestas inflamatorias locales contribuyan a la susceptibilidad y a la persistencia de los síntomas.5 Los cambios hormonales debidos a la menopausia alteran aún más el ambiente vaginal y urinario, reduciendo la defensa de la mucosa mediada por estrógenos y favoreciendo la colonización patogénica.6,7
En este artículo se revisan las recomendaciones basadas en evidencia para el diagnóstico, tratamiento y prevención de las UTI en mujeres y otros pacientes con anatomía genital femenina.
DIAGNÓSTICO
El diagnóstico de UTI recurrente requiere una estrategia escalonada. Para las mujeres que se presentan con un retorno de los síntomas de UTI, primero debe hacerse una historia clínica enfocada para evaluar la evolución de los síntomas, la frecuencia de las UTI, la gravedad de las infecciones previas y los componentes clínicos y conductuales que tal vez contribuyan a la recurrencia.1
Las pruebas que se utilizan para diagnosticar UTI previas deben revisarse y documentarse para asegurar que las UTI fueron diagnosticadas de manera adecuada.1 La confirmación microbiana del patógeno debe documentarse también.8 Debe aclararse que la paciente fue tratada por una UTI sintomática en vez de una bacteriuria asintomática.
El diagnóstico adecuado de UTI comprende la presencia de síntomas de vías urinarias en conjunción con evidencia de infección microbiana al inicio de los síntomas.8 La evidencia de infección microbiana se establece a través del examen general de orina que muestra inflamación, como piuria, y el cultivo con crecimiento importante de bacterias.8 Múltiples trastornos urinarios tienen una superposición importante de síntomas con las UTI, de manera que la presencia de síntomas sin documentación de infección indica la necesidad de evaluar otras etiologías.8
Además, debe determinarse si los síntomas actuales representan una recurrencia de UTI o una recaída.1 Una recaída es cuando los síntomas regresan dentro de las primeras dos semanas de haber terminado el tratamiento, lo cual indica una falla en el tratamiento antimicrobiano o la persistencia de sitios de infección.1 Una recaída requiere repetir el cultivo para asegurar que el antimicrobiano prescrito era adecuado para el organismo que creció en el cultivo.1 Los estudios de imagenología de las vías urinarias superiores y la cistoscopia tienen resultados deficientes y no se considera que sean necesarios de rutina para pacientes con UTI recurrente.8 Para las pacientes que no responden al tratamiento, es posible considerar otros estudios.1,8
Presentación
Las mujeres con UTI por lo general se presentan con los síntomas clásicos de vías urinarias inferiores, que incluyen disuria, frecuencia, urgencia y molestia suprapúbica. En ciertas poblaciones los síntomas en ocasiones son atípicos, en particular en las mujeres posmenopáusicas. Estas mujeres presentan síntomas más sutiles como una leve molestia al orinar, una sensación de vaciamiento incompleto de la vejiga, molestia pélvica de bajo grado, resequedad y prurito vulvovaginal y dispareunia debida a la deficiencia de estrógenos y al síndrome genitourinario de la menopausia.8
Los síntomas de UTI son similares a los de las infecciones de transmisión sexual. En las pacientes en riesgo, deben realizarse pruebas en busca de estas infecciones.
Antecedentes
Además de interrogar a las pacientes acerca de los síntomas y la cronología de los episodios de UTI, el médico debe preguntar acerca de factores que predisponen a las UTI recurrentes. Estos incluyen exposición a antimicrobianos, aumento en la actividad sexual, uso de agentes espermaticidas o diafragmas, así como el estado peri o posmenopáusico.9 El médico debe averiguar en busca de factores de riesgo modificables, como
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